La IA no despide a nadie, ni es el enemigo de los juniors.
Lo que la IA hace es hacer visible los negocios insostenibles.
Ya lo hablamos hace tiempo. Uno de los miedos clásicos con la tecnología es que nos va a quitar el trabajo. Pero es que nos encanta encontrar un culpable claro para todo para confirmar ese miedo.
Se le suele llamar el chivo expiatorio. Y en el mundo profesional, la inteligencia artificial se ha convertido en el chivo expiatorio perfecto. Cada vez que hay un ajuste de plantilla o se anuncia que se contrata menos gente joven, aparece el titular: “la IA nos quita el trabajo”.
Pero si miras de cerca, la realidad es bastante menos simple. La IA no despide a nadie. Lo que se está desmoronando no son los empleos en sí, sino las ficciones organizativas que llevaban años sosteniéndose.
Hoy me gustaría hablar de cómo compramos narrativas alrededor de la IA de forma continua y que quizá tocaría empezar a desmontar, porque la culpa no es de la IA. Lo difícil es separar señal y ruido para entender dónde aporta valor real y dónde solo maquilla ineficiencias.
Ni la IA despide ni es el enemigo de los juniors
Un caso muy sonado fue el de Klarna.
La fintech sueca salió orgullosa a decir que había despedido a cientos de personas gracias a la IA. Lo vendieron como eficiencia, modernidad, incluso como un paso inevitable hacia el futuro. La jugada duró poco: meses después tuvieron que recular y volver a contratar.
Si miras el caso con más detalle, la realidad es muy diferente de los titulares de prensa. Parte de los despidos estaban provocados por la falta de liquidez y gracias a las nuevas rondas de financiación volvieron a contratar a más programadores. Eso sí, lo que quedó fue el Efecto Klarna: empresas que usan la IA como excusa para recortar y presumir de modernidad, pero acaban pagando el precio de la sobreactuación. El chivo expiatorio es la IA, aunque la causa real sea otra. La narrativa que refuerza nuestro sesgo es la que queda.
No es un caso aislado.
Las Big Four han anunciado que contratarán hasta un 20% menos de juniors porque “la IA hace su trabajo”. La realidad está muy alejada de ese titular. El modelo piramidal que sostenía su negocio está en crisis.
El mercado de servicios profesionales lleva años atrapado entre el valor que ofrecen y lo que los clientes están dispuestos a pagar. Las grandes consultoras han tenido que ampliar tipología de clientes y reducir fees, porque los grandes clientes ya no pagan lo que antes. La competencia es feroz y las alternativas abundan. Un ex-consultor con muchos años de experiencia, puede hacer un proyecto a un cliente con mayor dedicación, y a 1/10 parte del coste que una gran consultora. Eso de que “a nadie le despidieron por contratar a una big four“, era en un mercado de abundancia que ya no volverá.
Si las consultoras tienen menos ventas, hay menos contrataciones. Chim pum. Durante décadas la fuerza de estas firmas estaba en contratar a muchos jóvenes, facturar sus horas y mantener la base amplia de la pirámide. Todos sabían que era un modelo caduco, pero nadie quería cambiarlo. A muchos directivos les convenía seguir estirándolo. A ver si no me pilla antes de que me jubile, piensan muchos.
El problema no es la IA. El problema es un modelo que solo funcionaba con mano de obra masiva y barata. Cuando toca rediseñar el negocio y empezar a cobrar por resultados, por acceso a herramientas propias o por compartir riesgo con el cliente. ese no es un negocio para juniors.
En todos estos movimientos la constante es la misma: la IA no es la causa, es la excusa para justificar decisiones que había que tomar tarde o temprano.
La trampa de la productividad individual
Conviene poner las cosas en su sitio. Sí, la IA te hace trabajar más rápido y mejor. Pero eso no implica que tu empresa vaya a mejorar. Si aceleras lo irrelevante, solo llegas antes a ninguna parte.
Pensar que más actividad significa más valor es un error tan viejo como persistente. Duplicar el número de correos, informes o presentaciones no convierte a tu empresa en más rentable. Puede incluso ser al revés: con más velocidad lo único que consigues es multiplicar el ruido.
Aquí entra la diferencia entre output y outcome. La IA multiplica el output: más informes, más campañas, más líneas de código en menos tiempo. Pero lo que importa no es cuánto produces, sino qué efecto tiene eso en la empresa: el outcome.
La diferencia es simple:
Output es llenar la mesa de presentaciones. Outcome es cerrar un contrato que genera ingresos nuevos.
Output es publicar diez posts al día. Outcome es mejorar tu tasa de conversión.
Por eso la reflexión importante no es si tus empleados producirán más, sino si eso moverá realmente el negocio.
El teatro corporativo al desnudo
Aquí encaja lo que describe el artículo The death of the corporate job.
Durante años hemos sostenido un enorme teatro organizativo: reuniones para preparar reuniones, reuniones para explicar lo que haces, reuniones para repasar lo que hablamos en otra reunión, presentaciones que nadie lee, e-mails para poner en valor tu trabajo.
Todos lo saben, pero todos participan, porque de ahí dependen salarios, hipotecas, las vacaciones, los estudios de los niños, el crédito del coche o del iphone… A todos los que trabajan en una gran corporación les interesa que la rueda siga girando. Puede que haya muchos de los actores de este teatro que fuera de ese mundo tendrían muchas dificultades de aportar resultados.
La pandemia levantó un poco el telón: algunos trabajos se desinflaron sin reuniones presenciales. Otros podían hacerse en tres horas. Muchos directivos no sabían gestionar equipos a distancia y necesitan la presencialidad, porque el micro-management es su razón de ser. Una vez pasada la pandemia la misión es acabar con el trabajo híbrido y que todo vuelva a lo de antes.
Ahora la IA acelera ese proceso de visibilización del valor real de cada puesto.
Hace más evidente el desajuste entre actividad y resultado, y al mismo tiempo erosiona la fe en el sistema. Cuando descubres que tu “full-time job” cabe en una mañana, es difícil seguir creyendo que tu rol es imprescindible.
La IA no destruye empleos valiosos; lo que destruye son ficciones corporativas que ya no se pueden sostener.
Los pocos puestos que mueven la aguja
Tengo la teoría - y no tengo datos - de que en casi cualquier empresa solo hay unas pocas posiciones que impactan directamente en ingresos, margen o caja. Son los equipos comerciales que deciden precios y cierran contratos, los responsables de producto y operaciones que definen calidad y costes, los equipos que retienen clientes y los financieros que controlan caja y riesgo.
El resto de roles son necesarios, pero actúan más como soporte. Y si en esos puestos la IA te hace un 40% más rápido, fantástico para tu agenda personal, pero casi invisible en el P&L. Por eso la pregunta clave es: ¿qué mueve la aguja? Por eso creo que cualquier iniciativa con IA debería responder a unas cuestiones simples:
¿Qué restricción o fricción de la empresa estás resolviendo?
¿Qué métrica de negocio se moverá y en cuánto?
¿Qué decisión se tomará de manera distinta gracias a la IA?
¿Cómo esto nos acerca al propósito corporativo y de qué forma?
Si no hay respuesta clara, lo que tienes es más output, no mejor outcome. Una vez más, la orientación de un negocio no es hacia las herramientas, sino hacia los retos. Pero vemos una excitación increíble por tener la última licencia de Microsoft sin preguntarse qué va a cambiar de verdad en la empresa. Tener la licencia guay de copilot es el nuevo símbolo de status corporativo. Como lo fueron en su día los despachos o las plazas del parking.
Resumiendo
Igual me he ido un poco por las ramas, pero si tengo que agrupar las ideas que tenía son estas.
La IA multiplica tu capacidad individual, pero esto no aseguro un impacto en tu empresa. Puede llenarte la mesa de presentaciones o liberarte horas de reporting, pero eso no convierte mágicamente a tu empresa en más rentable.
La diferencia entre output y outcome es la clave: puedes producir más que nunca, pero si lo que haces no mueve ingresos, margen o retención, lo único que logras es irrelevancia eficiente. La productividad individual habla de output, la productividad del negocio habla de outcome.
Por eso la narrativa de que “la IA nos despide” es engañosa. Lo que ocurre es distinto: la IA hace visible lo que ya era insostenible. No mata trabajos con valor; mata las ficciones que vivían de aparentar productividad. La próxima vez que escuches “la IA quitó el trabajo a los juniors”, recuerda: no fue la IA. Fue el modelo.
Espero que os haya gustado.


Wow este post que te has marcado despierta a un muerto! Que belleza Fernando!!
Aunque se nota que no es el punto en el que te quieres centrar, se publicó el 26 de agosto un estudio de Standford (Canaries in the coalmine :) que viene a decir que sí hay indicios de que el empleo de los jóvenes se esté viendo afectado por IA (yo le tengo bastante respeto a Erik Brynjolfsson).
Pero Noah Smith (al que leo mucho más) cuestiona que sea la IA el causante de que se estén contratando menos jóvenes:
https://www.noahpinion.blog/p/ai-and-jobs-again